Publicado el 26 ene. 2026 | Opinión
Fuente: Liliana López Foresi
El “odiador en jefe”, Jorge Lanata, puso de moda la palabra grieta. Y, como era un buen comunicador (eso hemos de reconocerlo) la palabra circuló y circula a veces todavía… La grieta esto, la grieta lo otro. Es malo que haya una grieta porque divide, separa las familias, las sociedades… ¿Quién se atrevería a negarlo? ¿Quién diría que ésa tan mentada es algo positivo, constructivo o, siquiera inocente? Incluso en libros que se autoperciben serios y constructivos encontramos en más de una ocasión esta palabra temible, perversa y nefasta: ¡grieta!
Como yo con el propalador desde hacía años me sentía en la “vereda de enfrente”, o – del otro lado de la grieta, si se quiere – jamás la usé salvo para ironizar. Pero, como estamos en un tiempo en el que ya no se la nombra, y no estaría demás preguntarnos por qué, quisiera hacer una reflexión inicial y un comentario final.
Como se decía, el problema de la famosísima grieta radicaba en que “separaba”, “dividía”, y era vista negativamente porque, evidentemente, la unidad, la convivencia, eran comprendidos como un valor. Pero si miramos con un poco de atención y detenimiento, es sensato formularnos una pregunta, ¿qué era, en realidad, lo que molestaba? ¿la grieta, que separaba, o “el otro lado” de la misma? Para ir al tema: molestaba el kirchnerismo porque generaba divisiones o molestaba el kirchnerismo por kirchnerismo. Sencillamente.
Empecemos con una pregunta elemental: la unidad es buena, necesaria, sensata, pero cuando se produce en torno a un elemento aglutinante que es bueno, sensato y razonable. La unidad de una banda delictiva es adecuada y buena “para la banda”, es el objetivo común lo que los une y es perjudicial para la sociedad esa tal unidad. Que en una sociedad haya unidad, es más que bueno, ¡necesario!, si hay unidad en buscar justicia, paz, verdad, etc. La unidad atribuida a los lemmings no es ni sensata, ni conveniente. Y una sociedad lemming no es una en la que yo quiero vivir. Prefiero estar “del otro lado de la grieta”. Insisto: la unidad de por sí no es ni buena ni mala, lo es en función de aquello que provoca la tal unidad. Y la sensación que siempre me provocó el término “grieta” es que no molestaba la división, sino que lo que se “dividía” era el statu quo, y eso siempre molesta a los beneficiados por el mismo. Y, como resulta, yo creo que el statu quo (el estado en el que está la cosa) es injusto, es violento, es mentiroso, es cruel, es muerte, pues me he ubicado del “otro lado”, y celebro que exista “otro lado”. En más de una ocasión he dicho que Jesús dijo, en más de una ocasión, que su propuesta de “buenas noticias”, su preferencia por los pobres, que su búsqueda de que todos y todas seamos hermanos y hermanas, eso ¡provoca división! No está de más recordar que Jesús de Nazaret no murió de viejo.
Pero resulta que, puesto que el statu quo, es poderoso, no solamente instituyó el término grieta, sino que convenció a buena parte de la sociedad que no ha de haber “otro lado”, “otra orilla”, “otra vereda”; que no hay sino una única manera de ser. Y, curiosamente, a los hoy grandes y fervorosos propaladores de la “única orilla”, insultadores, ofensores, crueles con quienes creemos que no solamente sí existe otra vereda, sino que creemos que esa tal es mejor, ¡mucho mejor!, y somos insultados, agredidos, ofendidos, pero… Pero nadie usa ya la famosa palabra “grieta”. Ya no hay esa tal y perversa situación… Porque “estamos del lado bueno”, lo que deja claro y patente que la grieta no les importaba nada. ¡Nada de nada! Lo que les importaba era “el otro lado”. Y, si hoy hay divisores, ofensores, agresores, no es un tema, al fin y al cabo, ya no hay grieta y vivimos en un país normal.
Como yo con el propalador desde hacía años me sentía en la “vereda de enfrente”, o – del otro lado de la grieta, si se quiere – jamás la usé salvo para ironizar. Pero, como estamos en un tiempo en el que ya no se la nombra, y no estaría demás preguntarnos por qué, quisiera hacer una reflexión inicial y un comentario final.
Como se decía, el problema de la famosísima grieta radicaba en que “separaba”, “dividía”, y era vista negativamente porque, evidentemente, la unidad, la convivencia, eran comprendidos como un valor. Pero si miramos con un poco de atención y detenimiento, es sensato formularnos una pregunta, ¿qué era, en realidad, lo que molestaba? ¿la grieta, que separaba, o “el otro lado” de la misma? Para ir al tema: molestaba el kirchnerismo porque generaba divisiones o molestaba el kirchnerismo por kirchnerismo. Sencillamente.
Empecemos con una pregunta elemental: la unidad es buena, necesaria, sensata, pero cuando se produce en torno a un elemento aglutinante que es bueno, sensato y razonable. La unidad de una banda delictiva es adecuada y buena “para la banda”, es el objetivo común lo que los une y es perjudicial para la sociedad esa tal unidad. Que en una sociedad haya unidad, es más que bueno, ¡necesario!, si hay unidad en buscar justicia, paz, verdad, etc. La unidad atribuida a los lemmings no es ni sensata, ni conveniente. Y una sociedad lemming no es una en la que yo quiero vivir. Prefiero estar “del otro lado de la grieta”. Insisto: la unidad de por sí no es ni buena ni mala, lo es en función de aquello que provoca la tal unidad. Y la sensación que siempre me provocó el término “grieta” es que no molestaba la división, sino que lo que se “dividía” era el statu quo, y eso siempre molesta a los beneficiados por el mismo. Y, como resulta, yo creo que el statu quo (el estado en el que está la cosa) es injusto, es violento, es mentiroso, es cruel, es muerte, pues me he ubicado del “otro lado”, y celebro que exista “otro lado”. En más de una ocasión he dicho que Jesús dijo, en más de una ocasión, que su propuesta de “buenas noticias”, su preferencia por los pobres, que su búsqueda de que todos y todas seamos hermanos y hermanas, eso ¡provoca división! No está de más recordar que Jesús de Nazaret no murió de viejo.
Pero resulta que, puesto que el statu quo, es poderoso, no solamente instituyó el término grieta, sino que convenció a buena parte de la sociedad que no ha de haber “otro lado”, “otra orilla”, “otra vereda”; que no hay sino una única manera de ser. Y, curiosamente, a los hoy grandes y fervorosos propaladores de la “única orilla”, insultadores, ofensores, crueles con quienes creemos que no solamente sí existe otra vereda, sino que creemos que esa tal es mejor, ¡mucho mejor!, y somos insultados, agredidos, ofendidos, pero… Pero nadie usa ya la famosa palabra “grieta”. Ya no hay esa tal y perversa situación… Porque “estamos del lado bueno”, lo que deja claro y patente que la grieta no les importaba nada. ¡Nada de nada! Lo que les importaba era “el otro lado”. Y, si hoy hay divisores, ofensores, agresores, no es un tema, al fin y al cabo, ya no hay grieta y vivimos en un país normal.
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Nota: la fama de que los lemmings son unos animales que se suicidan es, por un lado, falsa. Fue invento de Walt Disney en una película (donde, para la escena, mató cientos de roedores) White Wilderness (1958) y hasta generó (1991) un video juego. Los lemings mayores se suicidarían para dar espacio demográfico a los jóvenes (¡linda metáfora, don Walt!); película que ganó un Oscar, lo cual revela que desde hace ya mucho tiempo los Oscar, como los premio Nobel, tienen más fama que otra cosa. Nada de eso ocurre con los lemmings, y el tema aqui lo uso simplemente usando esa imagen, porque las sociedades sí se suicidan.
*Biblista
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