Publicado el 19 ene. 2026 | Opinión
Desde que empezó la Dictadura cívico militar con bendición eclesiástica, sabemos que la represión a las guerrillas fue una excusa. Ya lo decía la maravillosa Carta abierta a la Junta Militar de Rodolfo Walsh. Para reafirmar esto, uno de los “ideólogos” (o, mejor, divulgadores; los ideólogos eran otros y no militares) de la dictadura, el general Ramón Genaro Díaz Bessone reconoció que “el motivo del derrocamiento del gobierno peronista en marzo de 1976, no fue la lucha contra la subversión. Nada impedía eliminarla bajo un gobierno constitucional. La justificación de la toma del poder por las Fuerzas Armadas fue clausurar un ciclo histórico.” Es decir, el peronismo. Ese fue el objetivo de la “revolución fusiladora”, al decir del contraalmirante Arturo Rial: “Sepan ustedes que la Revolución Libertadora se hizo para que en este país el hijo del barrendero muera barrendero”. Eso de “mi hijo el doctor”, debía acabarse. “¿Qué es eso de llenar el país de universidades”, dijo el innecesario Mauricio Macri, y la orgullosamente indefendible María Eugenia Vidal lo repitió: “los pobres no van a la universidad”, contradiciendo solamente a la realidad…
Señalo esto, para dejar claro que todo indica que, para la mentalidad (o lo que funge de tal) del “Gobierno Militar” (y sus antecedentes y sus continuadores), los desaparecidos, la represión, el secuestro de niños y demás atrocidades violatorias de los Derechos Humanos y propias del Terrorismo de Estado fueron “solamente”, “daños colaterales”. El tema era instaurar un modelo económico.
Ya Martínez de Hoz señalaba que necesitaba muchos años (15, al menos) para que el “modelo” se asentara. Ahora bien, estos militares (marina, ejército y fuerza aérea) demostraron ser unos verdaderos cobardes; no solamente porque eran osados para torturar, asesinar, saquear, violar y arrojar dopados desde aviones a personas indefensas pero eran incapaces de enfrentar ingleses en la lamentable Guerra de Malvinas (era más fácil para ellos – era lo que sabían hacer – torturar soldados argentinos que matar enemigos reales). Y, como cobardes que eran, ¡ni siquiera teniendo algo de poder!, se atrevieron a hacer todo lo que sus mandantes empresarios, extranjeros o no, les ordenaban. Implantaron un modelo, pero había un problema: los empresarios nacionales serán empresarios, pero nacionales ¡nada! Y los militares argentinos, ¡de argentinos nada!, y vendieron el país a los poderes extranjeros. Pero, reitero, no se atrevieron a hacer todo lo que sus mandantes mandaban. Y acá el tema. Obviamente, cuando el peligro acechaba los titiriteros soltaron los hilos y las marionetas cayeron. Y fueron juzgados y condenados mientras los manejadores movían otros hijos, ¡judiciales estos! Militares condenados, ¡miles! Civiles y empresarios (y eclesiásticos) ¡cero! Pero como no se atrevieron demasiado, hizo falta un Martínez de Hoz 2.0, que se llamó Domingo Felipe Cavallo, y, como tampoco alcanzó, fueron por el 3.0 (y el 3.1). Lo que necesitaban era alguien que no tuviera la más mínima empatía, un desquiciado que gozara del sufrimiento ajeno (los militares sólo tenían algunos de estos del otro lado de la picana, pero no se atrevieron a más). Hacía falta un insensible, un… un Milei.
Claro que también hacía falta una sociedad casi tan sin empatía como él; una que fuera capaz de decir “no soy perro ni autista y por lo tanto uso pirotecnia” a fin de año; una que tiene clarísimo que los incendios en la Patagonia son provocados y el gobierno se desentiende totalmente de ellos, acusando gratuitamente a los mapuche, y que todos saben que no tienen nada que ver, y luego mostrar una foto hecha con IA de Milei saludando bomberos… todos saben que es falsa, pero a nadie le importa… Un insensible para una sociedad insensible era lo que faltaba. El individualismo que nació en el “algo habrán hecho”, “por algo será”, “¿yo?, ¡argentino!” muestra y ostenta sus frutos. ¿Helos aquí!
Ya en ocasiones dije que el gobierno de Milei era el peor gobierno de nuestra historia democrática reciente… pero, pensándolo mejor, creo que es sencillamente el peor gobierno. ¡Así! ¡Simplemente! ¿Peor que la Dictadura genocida? Lamento creer que sí (“el neoliberalismo es genocidio por goteo” decía Jorge Novak). No hay desaparecidos (aunque alguno “se les escape”), no le importan a nadie las violaciones a los derechos humanos de los jubilados, las personas con discapacidad y tantos otros. ¡Por algo será! Pero, el modelo económico, que fue “la madre”, pues está engendrando hijos. No olvido las violaciones a los Derechos Humanos de la Dictadura Genocida, pero no olvido el negacionismo, el poder (per)judicial cómplice, y todo lo que hace la perversión oficial para mostrarse, incluso en eso, continuadora del Genocidio. Y, en lo económico, ¡la causa!, peor… infinitamente peor. El peor de todos, ¡no lo dudo!
Señalo esto, para dejar claro que todo indica que, para la mentalidad (o lo que funge de tal) del “Gobierno Militar” (y sus antecedentes y sus continuadores), los desaparecidos, la represión, el secuestro de niños y demás atrocidades violatorias de los Derechos Humanos y propias del Terrorismo de Estado fueron “solamente”, “daños colaterales”. El tema era instaurar un modelo económico.
Ya Martínez de Hoz señalaba que necesitaba muchos años (15, al menos) para que el “modelo” se asentara. Ahora bien, estos militares (marina, ejército y fuerza aérea) demostraron ser unos verdaderos cobardes; no solamente porque eran osados para torturar, asesinar, saquear, violar y arrojar dopados desde aviones a personas indefensas pero eran incapaces de enfrentar ingleses en la lamentable Guerra de Malvinas (era más fácil para ellos – era lo que sabían hacer – torturar soldados argentinos que matar enemigos reales). Y, como cobardes que eran, ¡ni siquiera teniendo algo de poder!, se atrevieron a hacer todo lo que sus mandantes empresarios, extranjeros o no, les ordenaban. Implantaron un modelo, pero había un problema: los empresarios nacionales serán empresarios, pero nacionales ¡nada! Y los militares argentinos, ¡de argentinos nada!, y vendieron el país a los poderes extranjeros. Pero, reitero, no se atrevieron a hacer todo lo que sus mandantes mandaban. Y acá el tema. Obviamente, cuando el peligro acechaba los titiriteros soltaron los hilos y las marionetas cayeron. Y fueron juzgados y condenados mientras los manejadores movían otros hijos, ¡judiciales estos! Militares condenados, ¡miles! Civiles y empresarios (y eclesiásticos) ¡cero! Pero como no se atrevieron demasiado, hizo falta un Martínez de Hoz 2.0, que se llamó Domingo Felipe Cavallo, y, como tampoco alcanzó, fueron por el 3.0 (y el 3.1). Lo que necesitaban era alguien que no tuviera la más mínima empatía, un desquiciado que gozara del sufrimiento ajeno (los militares sólo tenían algunos de estos del otro lado de la picana, pero no se atrevieron a más). Hacía falta un insensible, un… un Milei.
Claro que también hacía falta una sociedad casi tan sin empatía como él; una que fuera capaz de decir “no soy perro ni autista y por lo tanto uso pirotecnia” a fin de año; una que tiene clarísimo que los incendios en la Patagonia son provocados y el gobierno se desentiende totalmente de ellos, acusando gratuitamente a los mapuche, y que todos saben que no tienen nada que ver, y luego mostrar una foto hecha con IA de Milei saludando bomberos… todos saben que es falsa, pero a nadie le importa… Un insensible para una sociedad insensible era lo que faltaba. El individualismo que nació en el “algo habrán hecho”, “por algo será”, “¿yo?, ¡argentino!” muestra y ostenta sus frutos. ¿Helos aquí!
Ya en ocasiones dije que el gobierno de Milei era el peor gobierno de nuestra historia democrática reciente… pero, pensándolo mejor, creo que es sencillamente el peor gobierno. ¡Así! ¡Simplemente! ¿Peor que la Dictadura genocida? Lamento creer que sí (“el neoliberalismo es genocidio por goteo” decía Jorge Novak). No hay desaparecidos (aunque alguno “se les escape”), no le importan a nadie las violaciones a los derechos humanos de los jubilados, las personas con discapacidad y tantos otros. ¡Por algo será! Pero, el modelo económico, que fue “la madre”, pues está engendrando hijos. No olvido las violaciones a los Derechos Humanos de la Dictadura Genocida, pero no olvido el negacionismo, el poder (per)judicial cómplice, y todo lo que hace la perversión oficial para mostrarse, incluso en eso, continuadora del Genocidio. Y, en lo económico, ¡la causa!, peor… infinitamente peor. El peor de todos, ¡no lo dudo!
*Biblista
Fuente: Liliana López Foresi



